Yo soy un vicio más,
en tu vida soy un vicio más
¿Por qué no me dejes,
si es que sólo soy un vicio? Tu vicio.
Yo soy un vicio más,
en tu mente soy un vicio más
no me podes dejar
porque soy tan solo un vicio.
Tu vicio.
Y cuando estés
masturbando a la nena
en una hotel de Pinamar
no te hagas problema,
no vale la pena,
alguien en el mundo
nunca te va a dejar.
Yo soy un vicio más.
En la gente soy un vicio más.
Contale a tu mamá,
ella también tiene el vicio.
Tu vicio.
Y cuando estés
masturbando a la nena
en una playa en Pinamar
quien te hará el aguante,
quien te dará antes
todas esas cosas
que no puedes comprar.
Yo soy un vicio más.
Todo el tiempo soy un vicio más.
En esta sociedad
todo el mundo tiene un vicio.
Tu vicio.
Yo soy un vicio más.
En tu vida soy un vicio más.
Por qué no me dejas,
si es que solo soy un vicio?
Tu vicio.
Soy un vicio más.
Como quien viaja a lomos de una yegua sombría,
por la ciudad camino, no preguntéis adónde.
Busco acaso un encuentro que me ilumine el día,
y no hallo más que puertas que niegan lo que esconden.
Las chimeneas vierten su vómito de humo
a un cielo cada vez más lejano y más alto.
Por las paredes ocres se desparrama el zumo
de una fruta de sangre crecida en el asfalto.
Ya el campo estará verde, debe ser Primavera,
cruza por mi mirada un tren interminable,
el barrio donde habito no es ninguna pradera,
desolado paisaje de antenas y de cables.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía.
Como quien viaja a bordo de un barco enloquecido,
que viene de la noche y va a ninguna parte,
así mis pies descienden la cuesta del olvido,
fatigados de tanto andar sin encontrarte.
Luego, de vuelta a casa, enciendo un cigarriLlo,
ordeno mis papeles, resuelvo un crucigrama;
me enfado con las sombras que pueblan los pasillos
y me abrazo a la ausencia que dejas en mi cama.
Trepo por tu recuerdo como una enredadera
que no encuentra ventanas donde agarrarse, soy
esa absurda epidemia que sufren las aceras,
si quieres encontrarme, ya sabes dónde estoy.
Vivo en el númeor siete, calle Melancolía.
Quiero mudarme hace años al barrio de la alegría.
Pero siempre que lo intento ha salido ya el tranvía
y en la escalera me siento a silbar mi melodía